PAPÁ
Y YO ( Adolescencia y juventud)
Afortunadamente, en mi vida, siempre tuve la oportunidad
de tener una vida social muy activa gracias a mis padres, también puedo decir
que ellos influyeron mucho en mí. Mis padres ante todo, fueron muy solidarios y
siempre estaban vinculados a programas de ayuda a la comunidad.
Mi papá fue un político, no como en esta época, porque él
nunca admitió, revivir un suelo del estado, recuerdo que él decía, “hay que
servir con las manos limpias y salir con las manos limpias”, él fue político
porque apoyaba todas las actividades políticas, pero nunca con financiación del
estado, sino con su propio capital.
Digamos, si se iba hacer una escuela, el hacía los
trámites oficiales, pero la escuela como tal, era con la comunidad, con sus
amistades y con la iglesia.
Entonces, mi vida fue estando en torno a ese ambiente de
cabalgatas, de ollas comunitarias, de encuentros deportivos, de concursos
folklóricos, y muchas otras actividades, así que mi vida se fue dando en ese contexto, mis
compañeras siempre sabían que si estaban conmigo, iban a participar en todo
esto. La pase delicioso en mi adolescencia y en mi juventud, pues siempre
compartía todo con mis compañeras, si había esto, ellas iban, si había aquello,
también.
Íbamos mucho a las veredas a participar en las cosas
folklóricas y siempre estábamos todas. Aun cuando nunca estuve ni vive en el
campo, cuando estaba en las veredas me fascinaba pues podía disfrutar mucho ese
campo en el cuál nunca viví y también me hizo amar a las personas necesitadas.
Después de vario tiempo en las veredas, íbamos detectando
a niños y niñas muy inteligentes, y mi papá los iba ayudando a salir adelante. Mi
padre se hizo como padrino de algunos niños en varios lugares y eso a él lo
llenaba de mucha satisfacción, el poder
ayudar a los demás.
Era chistoso, porque en algunas reuniones cuando llegábamos
nosotras, nos decían las hijas del padrino y pues era bastante acogedor, la
gente se sentía muy bien estando con nosotras y sentían también mucha confianza
para jugar o para hacer actividades y
éramos como una familia, nunca estábamos uno por encima del otro.
Así fue trascurriendo mi vida, primero con los
ancianitos, cuando era más pequeña, luego ya en otros grupos de colaboración
cuando estaba más jovencita, nosotros nunca teníamos un fin de semana libre,
siempre estábamos ocupados ayudando a los demás, mis padres, mis hermanos y
nuestros amigos. En ese tiempo éramos seis familias reunidas que estábamos a
favor de la ayuda social. Cada familia
tenía 6 hijos, o sea 6 * 6, mucha era la gente, así que se pueden
imaginar.
Por ejemplo, que era lo que hacíamos, cuando había día de
elecciones, o día de censo, esos días, era para encontrarnos las 6 familias, y
como éramos todos de edades muy parecidas y como ellos eran amigos entre sí,
nosotros también lo éramos, así que era muy fácil realizar actividades con
ellos, ya sea una fiesta, un programa social, si eran los programas que se
hacían en esa época en el colegio, se
hacían unos basares por colegio una semana, esto era para recoger fondos. Digamos
a las seis familias, nos daban, por decir algo, cuatro mesas y nosotros las
seis familias respondíamos por el masato, las empanadas, las sopas, por todo,
eso era lo que nos correspondía a las seis, porque éramos una sola para todo.
Ya en este momento, de ellos no queda si no un
matrimonio, ya los otros han fallecido, pero sus hijos seguimos iguales.
Esas eran cosas significativas que tuvieron cabida en mi
vida y se volvieron muy importantes, pues fue a través de eso que me di cuenta
de mi vocación. Desde niña a partir de
los 6 años, siempre tuve una convicción que era ayudar a los demás, y como ya
le había contado mi deseo más grande era ser "hermana terciaria capuchina", una
comunidad sin ánimo de lucro que se dedica ayudar a los demás, esta comunidad está
basada en los valores y obras que hizo el padre Luis Amigó, un hombre que entrego su vida al servicio de los
demás.
Todos dirán que como me convertí en religiosa, antes de
consagrarme nunca tuve novio, pero no es así, en realidad a la edad de mis 16
años, tuve un novio llamado Rafael, fue una experiencia muy bonita, pero las
cosas cambiaron al yo decidir realmente que era lo que quería y pues el Señor
tenía otras cosas preparadas para mí. Nunca tuve una relación íntima en mi vida, pues no era lo realmente importante
para mí.
Cuando salí del colegio, tuve la oportunidad de estudiar
las ciencias políticas, pero me cautivo el líder político Jesús de Nazaret, ese
fue el que tuvo más fuerza así que
después encontré mi verdadera vocación.
Afortunadamente, nunca tuve problemas con mi familia al
querer consagrarme a la vida religiosa, tal vez lo único si fue como el dolor
de estar separados, pero pues ellos siempre me apoyaron en lo que yo quería, siempre
apoyaron mis sueños.
A la edad de los 19 años, empecé mi vida religiosa, eso
como todo tiene unos pasos para llegar hacer una religiosa, es como cuando
usted estudia un pregrado o quiere llegar hacer ejecutivo, todo a su tiempo, porque
igual el ser religioso no es para todos y pues esto prácticamente también es
una carrera.
Primero se empieza por una inducción, después va el paso
de la integración, luego de formación y por último el de experiencia apostólica laboral. Esta entrada
a la vida religiosa, también tiene ciertas etapas, la primera etapa, se llama
aspirantado- quisiera conocer, la segunda se llama postulantado – me voy a postular
a ver si esto es para mí, la tercera se llama noviciado- voy a ensayar, hago lo
del novato. La, etapa, etapa, empieza desde el noviciado, pero yo las empiezo a
contar dese el principio, para que se puedan ubicar bien de cómo es el
recorrido. Luego viene el juniorado- que es cuando la persona ya se consagra y
empieza a ejercer, que en términos de medicina, sería el año rural, solamente
que nosotros no hacemos nada más un año rural, son tres los que realizamos, y
ya por último es el la consagración definitiva, que es cuando recibe la argolla que es un signo de compromiso serio
y permanente.
Y viene luego el atuendo. El usar siempre el mismo
vestido, el mismo modelo, es un signo de despojo, de pobreza, porque para usted
estar en fusión de los demás, necesita gastarle a su propia persona el tiempo
límite, no más de lo necesario, porque si yo, aparte de mi limpieza personal,
de un vestido sencillo, estuviera pendiente de que las uñas estuvieran
arregladas, que la sala de belleza, y otras cosas, ese es tiempo que le estoy
restando al trabajo que yo quiero prestar, entonces si yo le gasto a una sala
de belleza, 3, 4 o 5 horas, es porque mis intereses son la apariencia física,
pero si mis intereses son el servicio a la comunidad, yo tengo que darme el
tiempo básico, normal, porque el otro tiempo es para los otros.
Entonces si mi vestido es simple, yo no estoy pendiente
del color, del modelo, del estilo, de la modista, de la lavada a la lavandería,
no, en realidad no, tengo que hacer cosas simples y sencillas, así eso me
permite estar disponible para el servicio a los demás, entonces ese es el
sentido de una túnica que aunque unas serán grises, otras cafés, otras negras,
el color es segundario, lo importante es brindarle el tiempo a los demás,
porque yo elegí estar en servicio a los otros, entonces tengo que saber ubicar
mi tiempo y el tiempo a los otros.
Estas son las etapas vividas y quemadas que yo ya
realice, etapas que me hicieron crecer y encontrarme conmigo misma. Como les
decía, yo me integre a la comunidad de las hermanas terciarias capuchinas, comunidad
a la cual quiero y defiendo mucho, pues esta comunidad me brindó y me brinda el
poder acatar las necesidades de los otros, el dar lo mejor de mí, el realizarme
como persona y el cada día aprender de las otras.
A mí me encanta ver a las personas realizarse, verlas triunfar, alcanzar sus sueños, estas
son cosas que esta comunidad me brinda, por esta razón estoy vinculada en esta
comunidad y no en otra.

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