CAPÍTULO
I
Mi madre, Bertha Lozano ya se acercaba a tener el primer hijo, este hijo le resultó niña, niña a la cual llamaron Gloria Cecilia Gómez Lozano, o sea yo. Nací un 15 de febrero en el año 1950, por esa época mis padres vivían en Bucaramanga así que nací allá, cómo toda familia de esa época, no se conformaban solo con un hijo, así que decidieron tener 6 más. Después de mí, nació mi hermana Leonor, luego llegó Olga Inés, siguió Nora, continuo Nidya, Melba y por último el barón, Juan Francisco, llamado igual que mi padre.
Mi familia fue criada bajo creencias católicas, creencias
que tenía mi padre. Mi padre era un hombre sencillo y humilde, un hombre que
con sus enseñanzas de vida, me ayudo a crecer como persona, el hombre más
influyente en mi vida ya que tenía un liderazgo increíble, su espíritu de
organización y su servicio a los demás fueron cosas que me cautivaron de él.
Desde muy pequeña, me enseñaron a que la misa o eucaristía,
es un sitio de retroalimentación en toda mi vida integral, además desde muy
pequeña, me enseñaron a estar en espiritualidad con Dios. Mis padres me han enseñado
siempre a vivir la fe en honestidad, en responsabilidad y en servicio, es algo
que tanto mi padre como mi madre me recalcaron mucho en mi niñez.
Familia de la Hermana Gloria Cecialia Gómez
Familia de la Hermana Gloria Cecialia Gómez
Cuando ya tenía edad, empecé a ir al colegio de la Merced
de Bucaramanga, lo que más me gustaba del colegio, eran las actividades de tipo
pastoral en el campo social y culturales en el área del teatro.
A la edad de mis 6 años comenzó una vocación al servicio
de los demás, una vocación que me ha hecho crecer como persona. Uno de mis
grandes deseos y sueños siempre fue ser Hermana Terciaria Capuchina, no escogí
otra comunidad porque esta me brindaba todo lo que quería yo hacer, por ejemplo
me brindaba la oportunidad de responder a las necesidades sentidas de la gente,
en la vivienda, en el campo de la educación, de la promoción, me sentía muy
feliz permitiéndole a las personas realizarse, cristalizar sus sueños, eso me
hacía sentirme bien conmigo misma. Era maravilloso ve como las otras personas
que aunque no tuvieran cierto recursos, se proyectaban y querían salir adelante
y y ayudarlos a sido, o mejor que ha podido pasar.
Mamá de la Hermana Gloría Cecilia Gómez
Mamá de la Hermana Gloría Cecilia Gómez
Muchos pensaran que como mi vocación empezó tan pequeña,
nunca tuve novio, pero no es así, en realidad tuve un novio a la edad de 16
años, llamado Rafael, fue una gran experiencia de la vida solamente que el
señor me tenía otra cosa preparada, algo que cambiaría mi vida para siempre.
Nunca tuve una relación íntima en mi vida, solamente fue una relación de novios
en donde uno aprende del otro.
En mi niñez, recuerdo mucho el estar siempre con mi
familia. Ordinariamente nos reuníamos todos nosotros y mis primos, pues nos
encantaba ir a patinaje en el hielo, siempre participábamos en los programas que
hacían en la ciudad de hierro, íbamos a los circos, también estuvimos presentes
en unos programas que se llamaban “matinal”, que eran, películas de personajes
de la época, eso era maso menos tipo 10
a 11:30 de la mañana, eso era corrientemente los domingos y los puentes
festivos.
También resalto los paseos, los programas en piscina, los
programas de equitación y la pesca, que son mis deportes favoritos que desde
niña los conservo. Cada vez que hacíamos paseos, buscábamos que tuviéramos espacio
para disfrutar los caballos, primero los pony, cuando eran pequeñitos, después
ya con caballitos medianos y luego ya
con caballo de paso.
Como aspecto significativo puedo resaltar, cuando vi por
primera vez a una religiosa, pues para mí comenzó a ser curiosidad su forma de
vida, lo que hacían y a qué se dedicaban, en realidad todo lo referente a ellas.
Otra cosa que me ha gustado desde los 6 años, es ir a
visitar a los ancianitos, me encantaba ayudarlos a bañar, a vestirse, se me
facilitaba también hacer esa labor, porque vivía cerca de un ancianato.
También me gustaba muchísimo visitar los hospitales,
sobre todo el pabellón de las personas quemadas y abandonadas. A l rededor de
los 6 años, participaba en una organización infantil de esa época que se llamaba
o se llama porque todavía existe, la cruzada eucarística, allí podíamos
permanecer desde los 6, hasta los 12 añitos. Y a los 12 pasaba uno a un movimiento
juvenil llamado la acción católica, en este movimiento ya habían programas de
liderazgo, de animación de grupos, de proyección apostólica, colaborando en la catequesis
de los niños en los sectores marginados, ya hacíamos convivencias, talleres de tres
días, jornadas de alfabetización, también hacíamos brigadas, nos organizábamos con
amistades que ya eran mayores que nosotros, estudiantes de medicina, de
enfermería, trabajadoras sociales, etc, nosotros mismos escogíamos un sector y con
la ayuda de algunos adultos, organizábamos brigadas de salud, y en esas
brigadas impulsábamos el deporte, las charlas para las señoras, la venta de
ropa usada entre otras.
Como ya había contado, me encantaba ir a los acilos, allí
iba con un grupo de 10 niñas entre los 6 y los 10 años, éramos felices visitándolos, también les
hacíamos obras de teatro, les organizábamos bailes, hacíamos piñatas, de las
cosas que nos regalaban a nosotros, con esas cosas les hacíamos piñatas a ellos
y cada una, les pedíamos a los papás un apoyo semanal, en esa época se usaban
unos billeticos que eran de 50 pesos y nosotros ahorrábamos eso billeticos. Cuando
les íbamos a celebrar los cumpleaños a los viejitos, entonces nosotras
comprábamos chocolates porque a ellos les fascinaba el chocolate, el queso, y
unas mestizas, unos panes grandes que les gustaban mucho.
Para hacer los chocolates, nos buscábamos amigas
grandes y ellas nos hacían los
chocolates y pues nosotros llevábamos la música y las demás cosas que necesitáramos,
y las mamás, al ver que nosotras no comprábamos nada sino que íbamos ahorrando
esa plata, pues ellas se fueron uniendo a nosotros y nos ayudaban a organizar
las piñatas no con cositas de niños,
sino con dulcecitos para los ancianitos con peinillitas, con jaboncitos así íbamos
ayudando a los viejitos y nosotras nos sentíamos dichosas de estar ayudándolos.
Desde esa época nosotras ya empezábamos a sentir ese servicio, ese cariño, ese
dar sin recibir, ese hacer las cosas porque a uno le gusta.
Otra cosa que hacíamos, era ayudar a los niños marginados
de la calle y les hacíamos programas por ejemplo de alfabetización para poder
ayudarlos. Esas fueron las personas que más ayudábamos cuando era niña.
Este tipo de cosas marcaron mi vida absolutamente,
haciendo de mí, lo que soy ahora. Mis padres y las cosas que me enseñaron
influenciaron muchísimo, pues crearon en mí un criterio propio, el cuál ese
criterio hizo escoger lo que realmente quería.
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