Hacia las horas de la tarde, llego Heriberto con una cara de tristeza que se podía percibir desde la puerta de la casa. Habíamos dejado de comer hace varios días, me levantaba temprano para ir a trabajar, no era mucho el sueldo que ganaba y con ese dinero durábamos apenas 3 días.
Desde que Heriberto perdió su trabajo en la fábrica, las cosas habían sido cómo si estuviéramos deambulando. Pasábamos las noches enteras pensando que íbamos a hacer al siguiente día, cómo íbamos a sostener a los 3 niños, sobre todo a Luciana que tenía una enfermedad de corazón desde su nacimiento. Era muy caro sostener su tratamiento y su medicina, pero teníamos que hacer todo lo posible.
Yo tenía un trabajo como peluquera, pero con tan precaria situación no sólo peinaba, sino que hacía de todo con tal de no pasar necesidades. Todos los días me levantaba temprano a trabajar; En ocasiones mis días eran eternos y sólo pensaba en los niños. Mientras tanto Heriberto, sé que el pobre hacia todo lo posible, salía todos los días en busca de trabajo, algo que hacer para ganar un poco de dinero, pero como es costumbre en éste país no salía nada. Ya eran seis meses en esta situación y empecé a desanimarme, no vivía con el mismo humor, y mi salud mental y física se estaban deteriorando.
Tenía gripe frecuente, dolores de cabeza y además había bajado de peso excesivamente, y prácticamente la angustia no me dejaba dormir. Las circunstancias a veces nos obligan a hacer cosas que no queremos, que no somos capaces de hacer, y esto que hice o mande hacer atormenta mi cabeza porque tuve que hacer algo inhumano. Le pedí a Javier Alejandro, mi hijo mayor ,que fuera a pedir limosna, a mendigar como si no tuviera un papá y una mamá que pudieran ofrecerle todo lo que este maravilloso niño se merecía, ni siquiera una agua de panela o un vaso de leche caliente.
Heriberto seguía buscando, se presentó a una de esas fábricas automotrices, cómo barrendero, no importaba la labor, lo importante era conseguir el sustento diario para el hogar; aunque esto significara comerse su orgullo. Mi esposo es un gran profesional, es titulado en Ingeniería de Software de una de las más prestigiosas universidades del país, pero en ninguna empresa le daban la oportunidad porque estaban saturados de ingenieros.
Pero y ¿qué pasa con las personas que se pasan la vida estudiando y preparándose para obtener una mejor calidad de vida? No es que demerite a los barrenderos, pero en lo personal me daba mucha rabia que una persona tan trabajadora, y además muy buena persona y humilde, como lo es mi marido, no encontrara un buen empleo y así sostener las condiciones de salud de la niña y las cosas del hogar. Mis trabajos no eran bien pagos y el dinero cada vez escaseaba más.
Dicen que el bien siempre gana, pero en muchas circunstancias de mi vida había visto que era falso, y aunque a veces pasaban cosas inesperadas y de repente el bien se propagaba; lamentablemente eso no era lo que me pasaba con más frecuencia. Mi abuela decía que era bueno orar e ir a la iglesia y arrepentirse de todos los pecados y todas esas cosas malas que sin pensarlo hacíamos. Yo le pedía a Dios con mucho fervor, pero un día me canse de este mundo cruel, en dónde me di cuenta que a las personas sólo les importa su propio beneficio, en dónde un gobierno corrupto y mentiroso no hace nada por mejorar las pésimas condiciones del país, en dónde nuestros representantes, hablan basura en sus campañas para que nosotros los elijamos, y cuando están en el cargo no cumplen con ninguna de sus habladurías.
Aunque se puede decir que pocos gobernantes han hecho cosas valiosas por éste país. Hay otros que llegan y destruyen ésta nación, y no sólo eso, sino que se legitiman unas situaciones y hechos de corrupción que ahora las llamamos normales. Qué en las familias ya no hay ni un poco de amor, que la violencia va y viene de aquí para allá, y la gente indiferente lo resuelve todo diciendo: "eso no es mi problema, que lo arreglen ellos solos", adicional a esto la educación a la gente le parece superficial. Muchas cosas eran las que rodeaban mi cabeza; mi cuestión religiosa, política, social y económica. Con todo esto en estos momentos era cuando me preguntaba ¿dónde está dios?
Pienso que Luciana fue un milagro en nuestras vidas, aunque cuando estaba en gestación puedo decir que estuve a punto de abortarla, ya que a mi edad no sabía ni qué esperar de mi misma. Con tan sólo 18 años, algo inexplicable hizo que no cometiera tal error en mi vida. Cuando la niña nació no me importó que estuviera enferma y que de por vida tuviera que tomar medicinas. Sabía que eso nos iba hacer más fuerte a mí, a la niña y a mí familia ante cualquier circunstancia de la vida.
Pasaron varios días desde que Heriberto intentó conseguir algún trabajo, así que una mañana Heriberto se levantó muy temprano. Todo ese día estuve muy preocupada, ya que no sabía dónde estaba o qué estaría haciendo. Ese mismo día en horas de la tarde cuando llegaba del trabajo, Laura Patricia mi otra hija, salió desesperada a recibirme, Luciana se había enfermado, yo no sabía qué hacer porque la niña no tenía seguro medico y nada más estaba con su hermana mayor. En ese momento, menos mal llego Heriberto, pero ésta vez con una sonrisa que hacía un buen tiempo se había borrado de su rostro, y lo primero que hizo fue abrazarme y empezar a llorar como un niño desconsolado. Yo lo primero que hice fue decirle: >. Para él eso fue como devolverlo a la realidad.
En pocos minutos estábamos en el hospital, y después de mucho discutir con el vigilante, al fin un médico de alma compasiva, nos ayudó a ingresar a la niña. Él la atendió y así pudimos descansar de la angustia que nos estaba consumiendo, lo único que le pregunte a Heriberto en ese momento fue:"¿ Cómo vamos a pagar ésta atención?". Él me abrazo y en ese instante con lágrimas en sus ojos me dijo:>. Puedo decir que ésta vez quien lloró como una niña desconsolada fui yo.
No sé si estas situaciones y sentimientos que tenemos en esos momentos de la vida, se solucionan por un dios… pero en fin, eso era lo último que me importaba saber; sólo recuerdo la alegría que sentí en aquellos minutos. No es que con el trabajo se solucionara completamente todo, pero si, por lo menos daba una tranquilidad absoluta de tener algún sustento para la familia. También, puedo decir, que por fin entendí ese dicho que decía mi abuela:" Después de la tormenta llega la calma". A pesar de todas las cosas malas o buenas que nos pasen en la vida, siempre hay que anhelar sueños, y eso es lo que hago después de todas las hojas que cayeron en el suelo.
…y como diría la nueva Carmela –si los sueños mueren, dejas de vivir.
AUTORA: Fernanda Sánchez
Poema del Tiempo
Te veo venir, de soslayo
Cada vez que me miro
Y veo día a día cautivo
A tu fiel y tu vasallo
Y veo en miradas vagando
Dulces otoños prendidos
Susurros, antiguos gemidos
Borrando mi ordeno y mi mando
Y cada vez veo, penando
Arreboles en mi cara, perdidos
Tras el fugaz sueño, suspiros
Amores caducos, vagando
Y veo de tanto en tanto
Que cada día voy rendido
Hacia el final del camino
Y en pérdidas sombras, voy dejando...
